por Juan Vergillos

PREMIO NACIONAL DE FLAMENCOLOGÍA

Ha publicado novelas, ensayos, libros divulgativos, relatos, poemas y letras de canciones. Ha escrito y dirigido espectáculos de danza y de cante flamenco. Ha dirigido festivales de flamenco y otras artes escénicas. Ha ofrecido conferencias, talleres y espectáculos en teatros, festivales, colegios y universidades de Europa y América. Colabora habitualmente en la prensa generalista y especializada. Dirige el blog Vaivenes Flamencos.







miércoles, 22 de mayo de 2013

Próximos eventos


- Miércoles, 29 de mayo: 'El Baile y sus Complementos' Conferencia ilustrada. Con Concha Jareño (baile), Paco del Pozo (cante) y Cano (guitarra). Sala BBK, Gran Vía López de Haro, 19, Bilbao. 20 horas.

- Domingo, 2 de julio: 'Carmen Amaya, ¿en su centenario?' Conferencia Iustrada. Con Rafael Campallo (baile). Tertulia Flamenca 'El Gallo'. C/ Calzadilla 8, Morón de la Frontera, Sevilla. 14 horas.

- Viernes, 7 de junio: 'Carmen Amaya ¿en su centenario?' Conferencia Iustrada. Con Rafael Campallo (baile). Peña Flamenca. C/ Doctor Diego Sánchez, s/n., Marchena, Sevilla. 14 horas.

- Domingo, 9 de junio: 'Carmen Amaya ¿en su centenario?' Conferencia Iustrada. Con el Titi de Almería (cante). Peña Flamenca 'La Solera'. Plaza de la Constitución 5, Villanueva del Ariscal, Sevilla. 14 horas.

- Domingo, 16 de junio: 'Carmen Amaya ¿en su centenario?' Conferencia Iustrada. Con Rafael Campallo (baile). Peña Flamenca 'El Palanca'. Av. Extremadura 36, Santiponce, Sevilla. 14 horas.

- Lunes, 17 de junio: 'Carmen Amaya, ¿en su centenario?' Conferencia Ilustrada, con Alberto Sellés (baile), Casa del Aire, C/ Veracruz, 2, Arahal, Sevilla, 21 horas.

martes, 14 de mayo de 2013

Las lecciones del Maestro Otero


 'Coraje' José Luis Ortiz Nuevo. Libros con Duende, 255 pp.


De las noticias del maestro Otero en el planeta del baile, que ordena e interpreta José Luis Ortiz Nuevo, podemos deducir en primer término que lo bolero y lo flamenco eran a las alturas de finales del siglo XIX una misma cosa. Como lo fueron a mediados del siglo XIX. Y como lo siguieron siendo hasta bien entrado el siglo XX, como evidencia que los cronistas usen indistintamente ambos términos, según observamos, también, en esta obra. El cambio estético que se da a mediados del siglo XIX en España del majismo al gitanismo, y que se refleja también en las artes escénicas europeas como evidencian ‘El trovador’ y ‘La Traviata’ de Verdi, la ‘Carmen’ de Bizet o el ‘Barón gitano’ de Strauss, significa que los bailes boleros, quintaesencia del majismo, pasan a ser bailes flamencos, quintaesencia del gitanismo. Con la presencia de no pocos intérpretes y familias gitanos como el propio Luis Alonso, de hecho hermano del mítico El Planeta, considerado por algunos el primer cantaor flamenco de la historia, y tío de Lázaro Quintana. El cantaor Lázaro Quintana, que le cantó en varias ocasiones a su tío Luis Alonso, es, hoy, el primer intérprete de cante y baile al que aparece asociada la palabra flamenco, como leemos en una noticia de 1847 que sacó del anonimato el investigador Faustino Nuñez en su blog ‘El afinador de noticias’.

 






Luis Alonso es el maestro de Otero, junto a La Campanera. Y el repertorio de Otero es un ejemplo de un arte mestizo llamado flamenco, que antes se llamó bolero: lo andaluz, lo castellano, lo manchego, lo gitano, lo negro. Un género que hace las delicias de los aficionados al teatro de toda Europa, con Dolores Serrall y Mariano Camprubí primero, y que se continúa, según deducimos de la lectura de este libro, con otros intérpretes como La Cuenca, La Trini, etcétera. De hecho, en algunas de las noticias que Ortiz Nuevo incluye en esta obra, se afirma que este género de bailes es de exclusivo goce de los extranjeros residentes o de paso por la ciudad de Sevilla (franceses, ingleses, suecos, moros y hasta japoneses), en tanto los nativos se muestran en buena medida indiferentes o, incluso, violentamente contrarios, como es el caso de aquel que irrumpió con un garrote en el café cantante y se puso a dar palos a diestro y siniestro, clamando contra lo flamenco. No sólo vemos una obvia continuidad entre lo bolero y lo flamenco, sino la habitual promiscuidad de estilos, ya que los guitarristas comparten escena con bandurrias, orfeones, sextetos, pianistas (tocando por bulerías en ¡1912!), "orquestas de cuerdas finas" y sinfónicas, y los bailes andaluces y flamencos alternan con la jota, las manchegas, el foxtrot, la polka, el baile inglés, el tango argentino, la machicha brasileña y los sones de Albéniz, Falla y Turina. Otero comparte escena y fiesta con La Macarrona, La Serrana, La Coquinera, Habichuela el Viejo, el Niño de las Marianas, Medina, la Niña de los Peines, Emilia Benito, La Argentina (de la que fue maestro, por cierto), Realito, Amalia Molina, Manuel Vallejo, Pericet, Manuel Centeno, Niño de Huelva, Manuel Torre, etcétera. Digamos, no obstante, que lo bolero, que a mediados del siglo XIX era sinónimo de flamenco, va a convertirse a finales del siglo XIX y principios del XX en una amable antigualla, en un cierto regusto retro de lo flamenco estrictamente contemporáneo.

Otra cosa que deducimos de ‘Coraje’ y que se sitúa en la línea de otras noticias anteriores, es que el baile flamenco de la segunda mitad del siglo XIX, y hasta después de la Guerra Civil, es en buena medida puramente instrumental y que el canto, en ocasiones, es ejecutado por los propios bailaores. Es decir, no había apenas cantaores profesionales del baile. Ortiz Nuevo afirma que Otero, como director de bailes, fue el creador de esa marca jonda llamada ‘Cuadro’, llegando a capitanear un grupo de hasta 26 bailaoras. 


 


De lo transcrito en esta obra de las gacetillas, noticias y crónicas de la época, deducimos también, es decir corroboramos, la intimidad del flamenco, no sólo con los toros, sino con otras formas de divertimento de masas, en este caso ligadas a las nuevas tecnologías, como el fonógrafo y el cinematógrafo. Otero y su cuadro fueron filmados en varias ocasiones, la primera de ellas en París en 1900, en la que se consideró durante años la primera huella de lo jondo en el cine. Hasta que llegó Carmencita bailando en 1894 para el Quinetoscopio de Thomas Alva Edison. De la intervención de Otero en el montaje de ‘Carmen’, la ópera de Bizet, en el Teatro Real de Estocolmo, en 1922, nos resulta la curiosa noticia de que en dicha fecha había un tal Martínez en Berlín que se ganaba la vida como constructor de castañuelas. Curiosa también resulta, a priori, la muerte violenta de la célebre bailarina andaluza, discípula de Otero, María Montero "en su casa de Nueva York", donde tenía montada famosa academia de bailes españoles, en el 1928, que reproduce también este libro. Las dos noticias dan fe de la universalidad de lo jondo desde sus mismos orígenes y a lo largo de todo su discurrir.

Otero fue bailaor, maestro de bailes, y lotero. Como bailaor conoció todos los fastos de Sevilla, incluida la Exposición del 29, y triunfó en los teatros de toda Europa. Como maestro, lo fue de discípulas famosas que recorrieron todo el mundo. Como lotero dio en varias ocasiones premios mayores a la ciudad y fue atracado al menos dos veces, la última de las cuales, en 1934, con 74 años cumplidos, acabó en desgracia, la muerte del bailaor.

 



José Luis Ortiz Nuevo (Archidona, 1948), elabora una completa biografía artística y personal del gran maestro sevillano, que tenía academia en la calle San Vicente, sirviéndose para ello exclusivamente de las noticias, gacetillas y entrevistas de la prensa sevillana dedicadas al bailaor. Incluso muchos años después de su muerte aparecen en la prensa sevillana noticias vinculadas a José Otero, maestro de bailes, la última de las cuales, hasta ahora, fecha José Luis Ortiz Nuevo en 1951. La obra cuenta con un coprotagonista en la figura de Manuel del Castillo Otero, sobrino del maestro Otero y heredero de su academia y su arte. El libro sigue un estricto orden cronológico y posee una abundante material gráfico y de notas.


viernes, 10 de mayo de 2013

El arte es vida



Baile: Carmen Ledesma, Carrete de Málaga. Cante: Juan José Amador, Herminia Borja, Mari Peña. Guitarra: Antonio Moya. Lugar: Sala Joaquín Turina, Sevilla. Fecha: Jueves, 9 de mayo. Aforo: Casi lleno.

Imagino su desvelo, su sorpresa, su dolor si alguna vez llegaran a comprender que todos sus desvelos, todos sus dolores, todas sus privaciones, fueron para nada. Porque no eran fruto del amor. Por eso prefieren no ver la realidad. Entiendo que el arte del Carrete puede ser una odiosa lección de libertad para los que no son libres. De esta manera me explico los, pocos, a los que no les gusta el baile de este malagueño. El mundo de la danza flamenca está cargado de prejuicios: lugares donde se presupone que el artista debe pasar, en su viaje por el escenario. Lugares que, creen algunos intérpretes, el público les exige. No es cierto. Todo lo contrario. Sí, es verdad que hay una minoría que no soporta la libertad. Pero, la mayoría, lo que no soportamos son los lugares comunes, los tópicos, confundir un espectáculo con una línea de autobús, que sabes a donde te va a llevar y por las paradas por las que va a pasar. Si el arte es vida, la vida es imprevisible. Muchos artistas viven, sobreviven, en sus prejuicios. Y otros se emocionan con lo vivo. La propia Carmen Ledesma, después de su lección por soleá, en la que la naturalidad de su entrada en escena es, por sí misma, una valiosa lección para el que quiera cogerla, se sentó en el escenario para ver y jalear las alegrías de Carrete.


Carrete es un hombre vivo, un universo totalmente al margen de las penurias por las que atraviesa hoy este arte: quizá porque ha vivido las penurias auténticas o, tal vez, más verosímilmente, por una cuestión de carácter. Carrete es vida, fe en la vida. Fe en uno mismo sin tomar a la técnica como pretexto para ocultarse, para no ser, para no mostrarse. El baile es vida, es decir, juego, magia, libertad, sorpresa, emoción, naturalidad, belleza y fealdad como las dos caras de una misma y hermosa cosa. Carrete es Dios y el Diablo en escena, un monstruo, un ángel, oficio de tinieblas y también de luz. Su rostro enjuto, sus cabellos locos, sus manos alargadas son la larga historia del siglo XX, que aún no ha acabado, su larga oscuridad. Y el vaivén zumbón de sus caderas, sus remates inopinados, el carisma ante el que nos rendimos todos, empezando por sus músicos, es la pura gracia de respirar un rato, un segundo, una milésima parte de ese segundo.

miércoles, 8 de mayo de 2013


Poderío y timidez



Cante: Alicia Gil, Chiquetete, El Marismeño. Guitarras: Lito Espinosa, Fran Cortés. Percusión: David Chupete. Saxo y flauta travesera: Mustelie. Coros y palmas: Inma la Carbonera, Natalia Marín. Baile y palmas: Juan Amaya ‘El Pelón’. Lugar: Teatro Central. Fecha: martes, 7 de mayo. Aforo: tres cuartos de entrada.

Comenzó nerviosa en la nana, aunque solvente de sobra, con su enorme potencial vocal, con un timbre hermoso y pleno de colores ocres. De fraseo poderoso, esta voz es además un instrumento plástico porque cuando la emoción se adueña de su interpretación, singularmente en los boleros por bulerías con que cerró el recital, la voz se rompe, la tensión aumenta y el público sucumbe a este turbión flamenco que es Alicia Gil. Los temas (alegrías, bamberas, soleares, fandangos, tangos, bulerías, rumbas) están concienzudamente compuestos, con mucho sentido narrativo. Deliciosas las dos intervenciones de los ‘mayores’ con los que se hizo acompañar, aunque el Marismeño es un niño pero es que, como el subrayó, empezó tan joven. Un mano a mano por Alosno muy sentimental, entregado, que arrancó los sones más jondos, con los cuplés por bulerías, de la cantaora. Y Chiquetete, esa joya, esa voz rota y brillante, por soleá trianera y animándose a cantar y bailar en el fin de fiesta. Poderosa en escena, Gil sufrió de exceso de timidez a la hora de pegarse una pataita, muy lejos del público, donde casi no la podíamos ver, y de recibir los aplausos.



La única pega que le pongo al recital es su academicismo. De hecho, cuando la cantaora se salió de los caminos habituales, como en la guajira, fue cuando el recital ganó más. Gil posee facultades, conocimientos y bagaje suficientes en los que confiar para adentrarse por caminos menos trillados. La originalidad es, siempre, lo que alimenta a un artista, esto es, al público. Y Gil tiene mimbres de sobra para ser original: ahí le puede ayudar su origen familiar no flamenco. Quizá le falte algo de atrevimiento para adentrarse en este terreno. El valor que si tuvo el programador para contar con esta intérprete.

lunes, 6 de mayo de 2013

Próximo eventos

- Miércoles, 29 de mayo: 'El Baile y sus Complementos' Conferencia ilustrada. Con Concha Jareño (baile), Paco del Pozo (cante) y Cano (guitarra). Sala BBK, Gran Vía López de Haro, 19, Bilbao. 20 horas.

- Domingo 2 de junio: 'Carmen Amaya' Conferencia Iustrada. Con Rafael Campallo (baile). Tertulia Flamenca 'El Gallo'. C/ Calzadilla 8, Morón de la Frontera, Sevilla. 14 horas.

- Viernes, 7 de junio: 'Carmen Amaya en su centenario'. Conferencia Iustrada. Con Rafael Campallo (baile). Peña Flamenca. C/ Doctor Diego Sánchez, s/n., Marchena, Sevilla. 22 horas.

- Domingo, 9 de junio: 'Carmen Amaya en su centenario'. Conferencia Iustrada. Con el Titi de Almería (cante). Peña Flamenca 'La Solera'. Plaza de la Constitución 5, Villanueva del Ariscal,Sevilla. 14 horas.

- Domingo, 16 de junio:  'Carmen Amaya en su centenario'. Conferencia Iustrada. Con Rafael Campallo (baile). Peña Flamenca 'El Palanca'. Av. Extremadura 36, Santiponce, Sevilla. 14 horas.

viernes, 3 de mayo de 2013

El galeón de Manila



Baile, coreografía y dirección: Ángeles Gabaldón. Cante: David Lagos, El Londro. Guitarra: Rafael Rodríguez. Lugar: Sala Joaquín Turina, Sevilla. Fecha: Jueves, 2 de mayo. Aforo: Casi lleno.

En el galeón de Manila, la ruta marítima más extensa de la historia, vino a Sevilla una prenda, el mantón, que hoy identifica lo español en el mundo. El mantón fue anoche el último protagonista de un recital de baile de la Escuela Sevillana contemporánea en la que el equilibrio de lo emocional con lo técnico es absoluto.

Ángeles Gabaldón es una bailaora de hoy y completa su delicadeza en la pose con la contundencia de los pies. La precisa. Sin ruido, sin aspavientos. Todo subraya el círculo: las muñecas, los hombros, los brazos, la cadera. El garrotín era un baile de hombre que la mujer decimonónica trasformó en un juego, el juego de la seducción, de ofrecerse y escamotearse para, finalmente, entregarse, como mostró Gabaldón con una sonrisa pícara en su rostro. 


La seguiriya fue sobria y solemne, de luto riguroso, con esa rigidez que Pilar López, la introductora de los palillos en dicho estilo, le confirió. La guajira fue pura luz, un erotismo tan suave y franco, tan demorado, que no acaba nunca. El abanico, que también vino de China en el galeón de Manila, es la prolongación del propio cuerpo de la bailaora pero también un lugar en el que el universo se concentra y desaparece, el punto de apoyo de Arquímedes, la plataforma desde la que explota el deseo. Y las alegrías una fiesta, darse sin reservas.

El grupo al completo estuvo maravilloso, tanto en el acompañamiento, cómplice y seguro, como en sus intervenciones solistas, denso y pletórico el cante e imaginativo y barroco Rafael Rodríguez.