por Juan Vergillos

PREMIO NACIONAL DE FLAMENCOLOGÍA

Ha publicado novelas, ensayos, libros divulgativos, relatos, poemas y letras de canciones. Ha escrito y dirigido espectáculos de danza y de cante flamenco. Ha dirigido festivales de flamenco y otras artes escénicas. Ha ofrecido conferencias, talleres y espectáculos en teatros, festivales, colegios y universidades de Europa y América. Colabora habitualmente en la prensa generalista y especializada. Dirige el blog Vaivenes Flamencos.







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lunes, 1 de julio de 2013

Lozanía del cante en Jerez



Cante: Jesús Méndez. Guitarra: Manuel Valencia. Lugar: Jardines de los Reales Alcázares, Sevilla. Fecha: sábado, 29 de junio. Aforo: Lleno.

El flamenco en Jerez es obvio, directo y carnal. Manuel Torre, que pasó largas temporadas en Jaén, inventó una forma de taranta, que es la que nos ofreció anoche Méndez en el Alcázar, donde desaparecen las ambigüedades tonales. Fue uno de los números más destacados, junto a los martinetes que abrieron el recital, y que hubieron de luchar sin acompañamiento armónico con la batucada de la marcha gay, del recital. El martinete fue un cante descarnada y brutal, que nos da de bruces con la ira flamenca, esa que volvió en la seguiriya. Sin embargo este último cante me resultó brillante en exceso, junto a la solemne guitarra de Manuel Valencia. Méndez es un superdotado, tiene unas condiciones vocales fuera de lo común y eso, en ocasiones, puede ir en detrimento de la recta expresión emocional. La voz de Méndez es adecuada a las alegrías, perfectas, medidas, deliciosas, a los fandangazos, a las bulerías caracolero-paqueras. Incluso a los tangos y a la bulería por soleá. Sin embargo la seguiriya exige más ensimismamiento, más austeridad y recogimiento, por el universo emocional al que apela. Eso sí la cabal del Loco Mateo, en la versión del Sernita, fue de puro dulce. Valencia ofreció un acompañamiento denso, seguro, solemne y rígido, una maraña armónica deslumbrante. Da gusto ver crecer ante uno a artistas tan destacados como estos dos que, siendo unos niños, son ya nombres importantes en el universo jondo. Y ver cómo, a cada nueva comparecencia, su arte se va ampliando y enriqueciendo.



Por sus condiciones vocales, por su conocimiento y capacidad de aprendizaje, Jesús Méndez es, con sólo dos discos en el mercado, uno de los más destacados cantaores flamencos de hoy. Y su agenda para este verano de festivales bajo las estrellas así lo demuestra. Aunque decidido desde su debut al cante para adelante, lo cierto es que Méndez se ha baqueteado en el acompañamiento, en las compañías de El Güito, Adela Campallo, Javier Barón, Carmen Cortés, Rocío Molina, Belén Maya, Moraíto o Gerardo Núñez.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Los tres tenores de diciembre


Qué suenen con alegría! Voz: Jesús Méndez, Ismael Jordi, Manuel Lombo. Piano: María de los Ángeles Rubio. Guitarra: Santiago Lara. Director de escena: Francisco López. Lugar: Auditorio Fibes. Fecha: Jueves, 20 de diciembre. Aforo: Media entrada.

La cosa estuvo más cerca de un especial de Nochebuena de Raphael que de una típica zambomba navideña jerezana. De hecho la presencia de varias composiciones de Manuel Alejandro evocaron al maestro de Linares. La idea era un concierto a tres bandas: tres voces, tenor, cantante y cantaor. Tres formas de entender la navidad, de celebrar el nacimiento de la luz, el renacimiento de la tierra. Tres estados de ánimo, tres geografías del corazón. Y, en el pasado, tres etnias, tres clases. Ismael Jordi hizo un repertorio muy popular, en castellano, y se atrevió, incluso, a meterle mano a las melodías flamencas de tonás campesinas y nanas en la pieza a trío que abrió el recital. La idea es simple: dúos, tríos, solos, con un espacio amplio para cada sensibilidad y momentos también para el diálogo. Manuel Lombo se lanzó de lleno a la canción española y ligera, aunque lo más aplaudido de su propuesta fue la pincelada de baile, una pataíta por bulerías, que se marco al final de su intervención en solitario.




Jesús Méndez le metió mano a los villancicos flamencos más tradicionales: los ‘Campanilleros’ de Manuel Torre, ‘Vamos compañero’ por tangos de La Paquera, ‘Villancicos del Gloria’ por bulerías lentas ... El poderío del intérprete es asombroso, pero lo cierto es que estos cantes interpretados en solitario pierden toda su fuerza. Lo suyo es el coro, ese diálogo entre el solista y el grupo, puesto que hablamos de una celebración colectiva, de una fiesta ritual y social. Eso es lo que faltó, ese espíritu navideño, en el concierto. La escena impuso una distancia abismal, gélida, entre los intérpretes y el grupo que ni el ‘Tambolilero’, ni ‘El niño antes de nacer’, ni ‘Mañanita de diciembre’, ni el ‘Adeste fideles’. ni ‘Romance Pascual de los peregrinitos’ pudieron romper. Los tres tenores de diciembre.