por Juan Vergillos

PREMIO NACIONAL DE FLAMENCOLOGÍA

Ha publicado novelas, ensayos, libros divulgativos, relatos, poemas y letras de canciones. Ha escrito y dirigido espectáculos de danza y de cante flamenco. Ha dirigido festivales de flamenco y otras artes escénicas. Ha ofrecido conferencias, talleres y espectáculos en teatros, festivales, colegios y universidades de Europa y América. Colabora habitualmente en la prensa generalista y especializada. Dirige el blog Vaivenes Flamencos.







viernes, 28 de septiembre de 2012

Cinco años con Gerardo

XVII Bienal de Flamenco. 'Travesía'. Guitarra: Gerardo Núñez, Manuel Valencia. Cante: David Carpio, Rafael Zambo. Baile: Carmen Cortés. Percusión: Ángel Sánchez 'Cepillo'. Contrabajo: Pablo Martín. Lugar: Teatro Lope de Vega, Sevilla. Fecha: Jueves, 27 de septiembre. Aforo: Casi lleno. 



Cinco años de ausencia de la capital del flamenco de uno de los grandes tocaores de todos los tiempos, gozosamente contemporáneo nuestro. Cinco años en que estuvimos con Gerardo en los Vaivenes Flamencos de Alcalá de Guadaíra, los dos años en que se celebró, En Clave de Sol en la finca de Trebujena en la que Núñez organiza su anual encuentro musical. El público que no se haya desplazado a estos y otros lugares del orbe a los que Gerardo Núñez ha llevado su música comprobó que todo y nada ha cambiado en la música de Gerardo Núñez. La energía, la vitalidad, el compromiso musical y humano, sigue siendo el mismo. Las piezas de su nueva entrega discográfica se integran con toda naturalidad en el repertorio habitual de Núñez. El tocaor ha aprendido del flamenco, del toque y del cante de su tierra, del baile, que climax y valle son estricta y necesariamente complementarios. A ello une varios conceptos fruto de su bagaje con sus amigos Erico Raba, Perico Sambeat, Danilo Pérez o Arto Tuncboyaciyan y demás 'jazzeros': la solidaridad y el compañerismo, el entendimiento, el diálogo, el espacio para el otro, como para uno mismo. Por eso una de los números centrales de su espectáculo sigue siendo, sólo que ampliado y 'mejorado', el minishow de los Laurel y Hardy del grupo que son El Cepillo y Pablo Martín, la base, la médula, junto a las composiciones de Núñez, de la propuesta del guitarrista jerezano. ¡Cuántas horas de vuelo tienen estos tres señores juntos! 





Cinco años muy largos, por eso ayer supieron a poco las casi dos horas de concierto. Todo ha cambiado y nada ha cambiado, porque lo que ha hecho Núñez es profundizar en sus rasgos definidores: contundencia, energía, diálogo, complicidad, honestidad insobornable. Entrega, compromiso. De ahí los 110 minutos de toque, cante y baile, porque Núñez sabe, con la que está cayendo, lo que cuesta una entrada de teatro. 
Aún más música, cuando ya parecía que no era posible, más energía, más entrega, más velocidad, más soniquete, más vértigo en las cuerdas, más bordón, bordón y bordón: Jerez en el corazón. El secreto del cambio, para Gerardo Núñez, del crecimiento, de la evolución, es permanecer fiel a sí mismo. En cinco años el tocaor no se ha apartado ni un ápice de él. Si acaso ese filo de melancolía, siempre presente en su obra conviviendo con las explosiones de vitalidad, se ha hecho menos reticente, las escasas ocasiones en las que aparece. Ha ocupado su espacio con naturalidad.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Fuenteovejuna del siglo XXI

XVII Bienal de Flamenco. 'La consagración'. Estévez/Paños y Cía. Dirección, baile y coreografía: Rafael Estévez, Valeriano Paños. Baile: Antonio Canales, Antonio Ruz, Rosana Romero, Macarena López, Sara Jiménez, Carmen Manzanera, Sara Arévalo, Ana Latorre, Carmen Angulo, Andoitz Ruibal, Daniel Morillo, Jesús Perona, Manuel Ramírez. Cante: Rafael el Falo, El Galli, Sandra Carrasco, Israel Fernández. Iluminación: Olga García. Lugar: Teatro de la Maestranza, Sevilla. Fecha: Martes, 25 de septiembre. Aforo: Un tercio.

La primera parte de la obra son los 50 minutos seguidos más redondos y enjundiosos de lo que llevamos de festival, donde éste cobra su sentido de ser un espacio para la búsqueda que equilibra y justifica su otra parte, la de escaparate. El final de estos 50 minutos, a los que siguió un descanso "por imperativo legal", es impactante y hermoso, el colofón de una propuesta inteligente, comprometida, verosímil a pesar de su costumbrismo "soviético", brillantísima en el aspecto coreográfico, tanto en las individualidades como en los movimientos de grupo, fruto de una intensa búsqueda de la compañía, un largo bagaje intelectual y físico, una voluntad de aprender, de llegar al fondo, de desgranar.



El coreógrafo de la segunda parte es el tiempo, con los nombres de Lenin, Stalin, Hitler, Franco. La segunda parte es una historia muy triste, sobradamente conocida, redundante, la de todas las revoluciones y sus finales infelices. ¿Había que contarla, hay que contarla? Algunos espectadores creyeron que sí. Yo pienso que estaba contenida en ese vibrante cuadro que es la última escena de la primera parte. Todo lo que vino a continuación, guerra, muerte, desolación, traición, es de sobra conocido. Aunque quizá sea necesario volverlo a contar. Por supuesto que la coreografía hace una lectura verosímil, poderosa, impactante, de la poderosa e impactante música de Stravinski. El compositor ruso ha inspirado esta obra que, no obstante, funcionaría mejor sin Stravinski. El realismo soviético, proclive a lo obvio, firmaría la obra al completo. Y firmaría también la primera parte, naturalmente, donde sí existe una progresión dramática y emocional. Donde el trabajo con la tonás del campo es asombroso. Quizá sea necesario ajustar el número de la seguiriya. Pero, con todo, esta parte, austera, soviética, realista, se acerca a una obra maestra: la coreografía de las diferentes labores del campo esta diseñada y resuelta con una contundencia y hondura admirable. El espectador, este espectador, no puede apartar la mirada de lo que sucede. La segunda parte bebe de Eisenstein, Lang y Chaplin, y también de Goya, tanto como de Stravinski. La presencia de la 'estrella' Canales, a pesar de lo bien que resuelve su parte, no aporta gran cosa a una propuesta que es, por vocación y definición, básicamente grupal. El compromiso coreográfico y humano, en los tiempos que corren, hacen de ésta una obra imprescindible.

martes, 25 de septiembre de 2012

La fiesta infinita

XVII Bienal de Flamenco. 'Así soy yo'. Cante: Aurora Vargas. Guitarra: Antonio Higuero, Diego Amaya. Voz, guitarra y composición: José Gálvez. Palmas: Rafael el Eléctrico y Rafael Junquera. Palmas y coros: Mive Vargas, Felipa de Jerez. Violín: David Moreira, José Gregorio Moreira. Piano: Antonio. Flauta: Francesco. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Lunes, 24 de setiembre. Aforo: Lleno.

Es la fiesta del compás. Lujuria del ritmo. Africanía del cante jondo. Aurora Vargas es una excelente anfitriona. Y, si está motivada, como ocurrió anoche, la diversión está asegurada. En la primera parte se sintió encorsetada. Pero era una austeridad necesaria para que la voz fluyera con la necesaria concentración en tonás, seguiriyas y malagueñas. Los cantes de Chacón y del Mellizo nunca suenan en su voz como exigen los cánones. Esa es su facultad, su facilidad, su necesidad, hacer el cante a su forma. Íntima, concentrada, austera, firmó una primera parte precisa, formalmente muy acabada y de gran emoción.




Pero luego llegó su terreno, la fiesta infinita. Cantó, bailó, jaleó: fue feliz y nos hizo felices. Un ritmo que no se acaba nunca. Soniquete, fiesta a la forma de Sevilla. Esta cantaora y bailaora festera simboliza la forma sevillana de hacer la fiesta flamenca: más pausada que en Jerez, más solemne que en Cádiz, brillante, colorista, íntima y medida en su carácter dionisíaco. Lo que le ocurre a veces a Vargas es que, si el contexto no es el adecuado, pierde la concentración, la motivación. No fue, como digo, el caso en la noche de ayer, en donde estuvo inmensa en la fiesta. Después de hacer las tres canciones de José Gálvez que justifican la denominación "estreno absoluto" del programa de mano, cantó por tangos y anunció "ahora por bulerías, por bulerías de las mías". El grupo estuvo muy conjuntado a pesar de los pocos ensayos, que se pusieron de manifiesto cuando la cantaora jaleaba sorprendida un detalle melódico del piano o el violín. Es la naturalidad de lo jondo, que exige su tributo al momento presente, a la capacidad de vibrar juntos en el aquí y ahora. Aurora Vargas ejerció de anfitriona de la fiesta ordenando en la medida de lo posible las intervenciones y exigiendo silencio al grupo cuando, a ritmo de bulerías, cantó la cabal del Loco Mateo.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Si te dicen que caí

XVII Bienal de Flamenco. ‘Oasis abierto’. Cante y dirección musical: Carmen Linares. Guitarra: Salvador Gutiérrez, Eduardo Pacheco. Piano: Pablo Suárez. Percusión: Tino di Geraldo. Coros: Ana María González, Rosario Amador, Carmen Amaya. Invitado: Tomasito. Dirección de escena: Emilio Hernández. Música: Carmen Linares, Luis Pastor. Lugar: Teatro de la Maestranza, Sevilla. Fecha: Domingo, 23 de septiembre. Aforo: Dos tercios de entrada.




Si te dicen que el poeta cayó, que fue víctima, postrera aunque no la última, de la guerra, di que Miguel Hernández vive. Que ayer su voz se volvió a alzar en la garganta de una cantaora, voz del pueblo, andaluza de Jaén. Brava sobre las piedras lunares del Teatro de la Maestranza, alimentada de siglos de aceituna. El poeta sigue viviendo ayer en cada verso, en cada melodía, sobre todo en las que creó Luis Pastor, y que ayer cobraron nueva vida en la garganta de esta cantaora, voz del pueblo, andaluza de Jaén. La obra se cierra con las imágenes de Madrid acosada por la aviación franquista y jubilosa en su defensa heroica: No pasarán. No pasarán la envidia y la inquina, la mentira, Hernández y Linares alzan su voz contra ella. Hoy. La alzan contra la esclavitud, contra el yugo.



El poeta está vivo, entre nosotros. Incluso sus cosas, su breve hatillo, por esas cosas de la política, reposarán en poco tiempo en un pueblo del valle del Guadalquivir, en Quesada, cerca de Linares. Carmen le ha puesto música y cante. Soleares, seguiriyas, malagueñas. Y se ha buscado su álter ego festero para el Miguel Hernández más luminoso, Tomasito, que le da al Silbo del dale. Dos veces. Bulerías, tangos: fiesta para celebrar la vida, la vigencia del poeta.



Y Linares para lo grave, para clamar contra el desierto de bocas que no besan ('Casida del sediento'), de ojos que no ven ('Mis ojos sin tus ojos'). La voz de Linares, la melodía de Pastor, los versos de Hernández nos hablan a los hombres de hoy, ciegos y ensimismados en nuestras pantallas, mudas como están nuestras bocas para el amor y la palabra libre. La obra termina con un verso de Hernández que, como todos los que escribió durante la guerra y después de la guerra, es una declaración de principios, el poeta se sabía herido, porque era el último verso. Herido por la inquina, la mentira, la envidia. El espectáculo termina con un verso, "No puedo olvidar".



Las canciones de Luis Pastor, dichas por Linares en la intimidad del piano impresionista y recogido de Pablo Suárez, funcionan mejor, mucho mejor que los palos jondos. Morente fue el primer flamenco en comprender que la métrica de Hernández, de Lorca, de Machado, incluso la de inspiración popular, no encaja en las melodías decimonónicas creadas para otros versos, más directos, más desnudos, por Silverio, Chacón o El Canario. La respuesta fue la creación de nueva música flamenca para la nueva letra flamenca. La respuesta de Carmen fue la misma, pues consiguió que las melodías de Pastor sonasen jondas. No podemos, no queremos olvidar. Miguel Hernández está vivo.


domingo, 23 de septiembre de 2012

Coronación


Colores del fuego’. Guitarra y composición: Antonio Rey. Cante: Estrella Morente, Arcángel, Mara Rey, Pedro Granaíno. Violín: Thomas. Piano: Alex Romero. Bajo: Popo. Percusión: Ane Carrasco, Luis de Periquín. Palmas y coros: Gema, Carmen Jurado. Lugar: Teatro Central, Sevilla. Fecha: viernes, 21 de septiembre. Aforo: algo más de media entrada.



¡Qué fuerza, qué descarga de energía flamenca! Como agua para una tierra abrasada fue la música flamenca con la que nos deleitó este nuevo rey de la guitarra en la madrugada del viernes al sábado. Un concierto perfecto, sin un solo desliz técnico: Rey no falló ni una nota. Aunque eso no sea lo más importante, así fue. Una pulsación perfecta, contundente, y viva, elocuente, veraz, jonda. Una partitura sin grandes alharacas: ni en el nivel armónico ni en el compositivo hay deseo alguno de epatar al personal. Todo lo contrario. Pura entrega. Puro corazón. Con solos, el trémolo del inicio, que provocó el delirio de oles entre el público; o la taranta-granaína, tan afilada como íntima. Dúos. Tríos, como el brillante ‘Amistad’ a tres guitarras. Y mucha energía, la que desplegó el grupo en los temas rítmicos: tangos, alegrías, bulerías, rumbas. ¡Qué soniquete hipnótico!



En las bulerías, Arcángel lúdico y noble: la melodía no tiene secretos para él, pero en su voz no hay sombra de impostación, lo que da aún más valor a lo que hace. En los tangos Pedro Granaíno sentimental y roto de emoción. Y la maravilla de la ‘Nana de mi Mara’ con una Estrella Morente tan lírica como próxima y un memorable dúo vocal, la Estrella impresionista y el Granaíno rugiente. Rey sonó flamenco por los cuatro costados en el único recital de guitarra de gran formato, junto a Gerardo Núñez, que veremos en el festival. Este tocaor domina todas las facetas de su instrumento, desde la minucia melódica a la contundencia rítmica que, por otra parte, jamás desborda los límites de la melodía. Es decir, no tenemos la sensación de estar escuchando un recital para baile sin bailaor, sino que, incluso cuando acompaña al baile, que no fue el caso de la noche de que les hablo, no se olvida del lirismo de sus composiciones. Composiciones, y ejecuciones, que tienen la facultad de pellizcar, de buscarnos en nuestra intimidad y de conectarnos con nuestras emociones. A veces con un escueto detalle armónico, con una minucia en la frase musical, que matiza, subraya o altera todo el sentido del discurso. Y eso es un privilegio al alcance de pocos.


miércoles, 19 de septiembre de 2012

Las dionisíacas de Joaquín Grilo

XVII Bienal de Flamenco. 'La mar de flamenco'. Compañía de Joaquín Grilo. Idea original, dirección artística y escénica, sinopsis, escenografía, coreografía y baile: Joaquín Grilo. Cante: José Valencia, Carmen Grilo. Guitarra: Juan Requena. Percusión: Ángel Sánchez 'Cepillo'. Armónica: Antonio Serrano. Palmas: Manuel Jesú Montes, Antonio Lucas Montes, Los Mellis. Lugar: Teatro Lope de Vega, Sevilla. Fecha: Lunes, 17 de septiembre. Aforo: Lleno.

Es uno de los grandes bailaores de hoy. Su terreno es la espontaneidad, la libertad absoluta. Por eso, cuando se encuentra enmarcado, como anoche, en una propuesta teatral, no da lo mejor de sí mismo. Aparece en escena coartado por las imposiciones del guión y la puesta en escena. No se trata además de la mejor solución escénica posible: ni el vestuario, ni la escenografía, ni la dramaturgia, ni el maquillaje acompañaban. En el fondo, la puesta en escena es un mero pretexto, ayer más que nunca, para una suceción de bailes, de cantes y de toques. Inmenso Requena toda la noche, dibujando una partitura rica, plena de matices y de compás, tanto en sus solos, en sus dúos con Joaquín Grilo, muy brillante en el taranto, como en el resto de la representación.



La armónica de Antonio Serrano es otro hilo conductor de la obra, un instrumento tradicionalmente ligado a los marineros. Serrano resulta flamenco en cada una de sus intervenciones, sutil cuando es necesario, y pletórico cuando la partitura así lo exige.Carmen Grilo cantó en solitario por soleá y José Valencia espoleó toda la noche a la fiesta, gozosamente, con o sin pretexto.

Joaquín Grilo es ante todo un bailaor lúdico, como volvió a demostrar anoche. Estuvo brillante, pleno de recursos como siempre, en la soleá. Pero donde desbordó fue en el final del número por bulerías, en las guajiras arrumbás, en esa parada de fiesta que su barco hace en el puerto de La Habana, donde recoge también la tradición musical de esta ciudad. Pese a tener el mar como punto de inspiración, este es el único estilo de los mal llamados "de ida y vuelta", es decir, de origen inequívocamente americano, que incluye esta obra. 

 

Muy brillante resultó también en las alegrías, en la zambra, en la fiesta final. En los estilos más expansivos, más sociales, más brillantes, más coloridos, donde su capacidad de improvisación encuentra el cauce apropiado para expresarse. Porque en el desenfreno de la fiesta, este bailaor jerezano no tiene igual en el panorama flamenco actual. Recoge, además, esa tradición festera jerezana que ha hecho de la bulería uno de los estilos más vinculados a una geografía concreta. La fiesta como idioma singular, una forma de comunicar lo mejor de nosotros. La obra llega a Sevilla, tras su estreno en marzo de 2012 en el Festival de Jerez, algo aligerada en su duración y con algunos cambios que la hacen más dinámica y efectiva, relativos a lo coreográfico, con la supresión de la intervención del bailarín contemporáneo, y lo musical.

martes, 18 de septiembre de 2012

El otro, el mismo


XVII Bienal de Flamenco.‘Qasida’. Cante: Rosario la Tremendita, Mohammad Motamedi. Guitarra: Salvador Gutiérrez. Palmas: Los Orucos. Percusión: Antonio Coronel. Kemanche: Sina Jahanabadi. Daf: Habib Meftah Boushehri. Lugar: Claustro del Convento de Santa Clara, Sevilla. Fecha: Domingo, 16 de septiembre. Aforo: Lleno.



Fue, esta vez sí, un diálogo de tradiciones, de civilizaciones. Porque fue un diálogo de personas. Todos los músicos estuvieron todo el tiempo en el escenario e intervinieron en todas y cada una de las piezas. Incluso las voces sonaron en ocasiones al unísono. Sin grandes pretensiones en lo conceptual, buscaron en las escalas modales las vías para el trasvase melódico, de forma que, en ocasiones, era Gutiérrez el que acompañaba a Motamedi o Jahanabi a La Tremendita. Sobre una base de respeto mutuo, de atención absoluta al discurso del otro, cada cual tuvo su espacio sobre las tablas. Profundizando, por la vía del lenguaje común del melisma, en la melodía de la nana, la petenera, la seguiriya, incluso la zambra caracolera y los tangos. Es decir, el sustrato modal, no sólo del flamenco, sino del folclore, y presente en toda la música popular ribereña del Mediterráneo. Si los andaluces somos hijos, a través de los árabes, de la cultura griega, ésta es en buena parte una elaboración del legado persa. Ahí está la vía de unión histórica. Pero, aunque esto sea un pretexto, no se trata de un espectáculo historicista sino basado en realidades concretas, en el aquí y el ahora de la música iraní y flamenca. Más aún, en el aquí y el ahora de Motamedi y La Tremendita.




Y la realidad de Motamedi es que es un músico superdotado. No sólo por su virtuosismo técnico, por la amplitud de su registro, por su asombrosa facilidad melismática. Sino por la capacidad de emocionar, desde el minuto uno. Sea en el susurro, en la intimidad, o en el frenesí, en la descarga de energía. Su canto es íntimo y universal, sacro y popular, mundano y divino. La Tremendita, espoleada por su compañero, se vació en las tablas, se subió al carro del melisma, no para exhibir facultades sino para exprimir su corazón, que es lo que nos importa.

La atención por el detalle, el gusto por lo pequeño que hace grandes. Un diálogo que parte del respeto hacia lo propio para, desde ahí, respetar y abrirse al otro.