por Juan Vergillos

PREMIO NACIONAL DE FLAMENCOLOGÍA

Ha publicado novelas, ensayos, libros divulgativos, relatos, poemas y letras de canciones. Ha escrito y dirigido espectáculos de danza y de cante flamenco. Ha dirigido festivales de flamenco y otras artes escénicas. Ha ofrecido conferencias, talleres y espectáculos en teatros, festivales, colegios y universidades de Europa y América. Colabora habitualmente en la prensa generalista y especializada. Dirige el blog Vaivenes Flamencos.







jueves, 28 de noviembre de 2013

El cante es un recién nacido



Cante: Argentina. Guitarra: José Quevedo 'Bolita'. Palmas y coros: Los Mellis. Cajón: José Carrasco. Lugar: Teatro Quintero, Sevilla. Fecha: 27 de noviembre. Aforo: Casi lleno.

Lo primero que ofrece esta intérprete es una naturalidad que desarma. Y, luego, la frescura. Su voz grave, densa, no pesa sino que aligera. Ella hace su visión de los cantes tradicionales. Por ejemplo la milonga de Pepa de Oro, que la cantaora, mediante unas modulaciones que en su voz parecen naturales y con los arreglos de tango porteño del Bolita, lleva a otro lugar, haciendo de este cante, que tiene 120 años, un son perfectamente contemporáneo. Consigue dotar de energía un estilo que parecía fosilizado como la serrana.



 Y los tientos de Chacón, con la inestimable ayuda de la versión de Enrique Morente, parecen recién paridos. Ese es el arte del flamenco, trabajar con un repertorio tradicional para expresar las emociones de hoy, de siempre. Un repertorio que, en buena parte, se sigue nutriendo de la última propuesta discográfica de la cantaora, ‘Un viaje por el cante’, aunque incluye calas en otros territorios y repertorios flamencos. Como esa bulería por soleá desbordante de compás y entrega flamenca. En este viaje es capaz de combinar, con igual solvencia, la energía del garrotín y los tangos con el intimismo delicado de la malagueña o el drama de la petenera. Es enorme la energía que despliega la cantaora, con unas condiciones físicas extraordinarias, de virtuoso fraseo interminable. 


La Argentina aporta naturalidad, juventud y una energía febril y contagiosa a este repertorio clásico. Con la ayuda del toque feroz, hiperrítmico y contundente del Bolita. Y con ese compás aéreo que dan los Mellis: un soniquete exacto pero que al mismo tiempo respira, seguro y humano. Y el sostén poderoso de José Carrasco como andamiaje de todo este edificio musical.

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