por Juan Vergillos

PREMIO NACIONAL DE FLAMENCOLOGÍA

Ha publicado novelas, ensayos, libros divulgativos, relatos, poemas y letras de canciones. Ha escrito y dirigido espectáculos de danza y de cante flamenco. Ha dirigido festivales de flamenco y otras artes escénicas. Ha ofrecido conferencias, talleres y espectáculos en teatros, festivales, colegios y universidades de Europa y América. Colabora habitualmente en la prensa generalista y especializada. Dirige el blog Vaivenes Flamencos.







miércoles, 7 de agosto de 2013

Dolor y belleza

53º Festival Internacional del Cante de las Minas. ‘Flacomen’. Baile: Israel Galván. Cante: Tomás de Perrate. Percusión y saxos: Proyecto Lorca (Juan Jiménez y Antonio Moreno). Violín y bajo eléctrico: Elo Cantón. Lugar: Antiguo  Mercado de La Unión (Murcia). Fecha: lunes, 5 de agosto. Aforo: Tres cuartos de entrada. 

No con un par sino con cuatro, músicos, salió Israel Galván ayer a las tablas del Antiguo Mercado de La Unión. Todos sabemos del carácter arrojado de este intérprete. ‘Flacomen’ ha sido la propuesta de más riesgo que se ha visto jamás en La Unión. La seguiriya eléctrica, la soleá punk, que no la de Tomasito sino la de La Serneta. Son cosas que ya hemos visto en propuestas anteriores de Galván. `Flacomen’ es, también una recopilación de sus hallazgos coreográficos, musicales, conceptuales. Y una cosa nueva. El arte de Galván es el de la composición, el de la división y nueva combinación de elementos. Seguiriya eléctrica que evoca, también, a Morente, a Vicente Escudero y a vaya usted a saber qué más. Galván es barroco y culterano y no pocas referencias se me escapan, usted disimule. El centro es un baile omnívoro, de oído absoluto, donde Galván es, también, un músico más. El taranto y la levantica y las músicas académicas del siglo XX que Proyecto Lorca hacen para su deleite, nuestro deleite.
 



 
De repente, la guitarra granadina de Montoya suena en el vibráfono y una refrescante brisa caribeña recorre el patio de butacas. Antonio Moreno es Fernando Vilchez, antes de que Perico Sambeat inventara el flamenco-bop. Pues ya digo que las referencias son infinitas porque la mente y el cuerpo de Galván no paran un momento. Con todo, hay espacios para el puro disfrute instrumental y para el silencio, que el público acoge con recogimiento, respeto y entrega. Y hasta devoción. Cierto que desde el inicio un sordo rumor de deserciones recorre el aire. Mas la larga ovación del final es un milagro en este escenario, uno de los más tradicionales del arte jondo. Ovación que el público sostiene más tiempo que el artista, que hace muecas de dolor. Tanta ha sido la entrega que se ha lesionado. Arte del siglo XX para los hombres y mujeres del XXI. Dolor y belleza. Y experimentación, juego, aunque todos estemos más serios que un ajo.

 

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